El campo atrincherado del paso de Roncesvalles

Vuelo aéreo de 2014
Vuelo aéreo de 2014

El cruce del Pirineo por Roncesvalles es un antiquísimo paso entre la Península y el continente europeo. Ya en época romana se construyó una importante calzada que ha perdurado hasta nuestros días en el Camino de Santiago. La orografía del terreno impone el trazado del paso, que se ha conservado así a lo largo de los siglos.

Durante las guerras de Convención (1793-95) y de Independencia (1808-14) este importante punto fue objeto de una intensa fortificación. Se construyeron fuertes y reductos artilleros en los altos dominantes, que se unían, en ocasiones, con largas trincheras.

 

Los campos atrincherados

Plano de 1793
Plano de 1793

Estos fuertes y reductos fueron levantados en 1793 como defensa ante la Convención francesa, aunque, según testimonios de algunos mapas más antiguos, en Asto Bizcar y cerca de Lindux ya existían unos anteriores. Respondían a una táctica militar al uso en la época, los “campos atrincherados”. En los fuertes o reductos, bien defendidos por fosos, terraplenes y empalizadas, se situaban cañones que cortaban el paso estratégicamente en puntos angostos de los caminos. Se trataba de sellar las partes más abiertas del paso montañoso con largas trincheras para infantería.

Un total de 13 reductos descubiertos (puede haber otros que todavía no se han localizado) ocupan los altos dominantes desde la colina de Lindux hasta Orzanzurieta y Bentartea.

El plano del proyecto de construcción militar, de 1793, recoge algunos de estos fuertes. Gracias a él conocemos el nombre que tuvieron en esa época.

Se pueden detectar las trincheras que conectan estos fuertes entre sí con el análisis de las diferentes fotografías aéreas disponibles. Sin embargo, debido a la falta de otros medios más especializados, todavía queda mucho por conocer de ellas. Se han localizar un total de 3.364 metros de estas trincheras, que constaban de un foso con terraplén y, probablemente, una empalizada.

Plano de 1793
Plano de 1793

Estamos ante una impresionante obra militar que debió levantarse en un tiempo récord, gracias al trabajo y esfuerzo de miles de hombres que hubieron de cavar a pico y pala las rocosas cumbres pirenaicas.

 

Arqueología en las trincheras

Vuelos aéreos (Astobizkar)
Vuelos aéreos (Astobizkar)

Hasta este momento, pocos son los trabajos de análisis y estudio llevados a cabo en estas trincheras. Del lado francés, destacan los trabajos de F. Gaudeul. Respecto a los fuertes del entorno de Ibañeta, las únicas excavaciones han sido realizados por Gabinete Trama en 1996. Se hicieron dos sondeos en el reducto de Lepoeder, así como una prospección del área. Gracias a estas labores se llegó a detectar la presencia de empalizadas de protección sobre los taludes que protegían los reductos (como atestiguaba una larga hilera de hoyos de poste), así como diferentes restos de construcciones en piedra. Sin embargo, el poco espacio excavado dificulta una interpretación acerca del destino de estas construcciones.

En las diferentes fotografías aéreas se pueden observar con claridad estas construcciones en piedra, por lo que podemos intuir la presencia de algunos edificios dentro de los fuertes. Solo futuras excavaciones arqueológicas podrán resolver este extremo.

El descubrimiento de diferentes materiales arqueológicos, entre ellos, varios botones de casacas del ejército inglés a las órdenes de Wellington, sitúa este fuerte entre los protagonistas de la Batalla de los Pirineos (1813), crucial en la Guerra de Independencia.

Los reductos que sellan el paso de Roncesvalles son:

Xapelarriko Kaskoa, Lindux, Trona, Girizu, ibañeta, Zelaia, Muruzabal, Lepoeder, Asto Bizcar, Orzanzurieta y Harrespilla. Más allá de la frontera, ya en territorio francés Bentartea y Txangoa además de algunos menores.

Prospección arqueológica con dron
Prospección arqueológica con dron
Excavación de 1989 en Lepoeder
Excavación de 1989 en Lepoeder

Para los más jóvenes

NAPOLEÓN Y LA ARQUEOLOGÍA: EGIPTO

arqueologia_11_11Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre el motivo de la aventura egipcia de Napoleón. Para unos, era viable el plan de tomar Egipto y Oriente Próximo y, desde allí, lanzarse a la conquista de la India para ahogar al Imperio británico. Para otros, lo único que ansiaba Napoleón era emular a su admirado Alejandro Magno e incrementar su popularidad para acceder al poder, lo que logró pese al fracaso de la operación. Napoleón perdió infructuosamente en aquellas tierras a lo mejor de sus ejércitos, aunque ello tampoco le impidió conquistar Europa. Pasados dos siglos, quizá lo único positivo de aquella aventura, aunque no fuera el objetivo de Napoleón, es que sirvió para que Europa redescubriera las maravillas del antiguo Egipto y se diera un serio impulso a la Egiptología.

 

LA EXPEDICIÓN CIENTÍFICA

El grupo de 167 científicos y especialistas reclutados por Napoleón eran expertos en distintas materias del saber: matemáticos, físicos, químicos, biólogos, ingenieros, arqueólogos, geógrafos, historiadores… Formaron la Comisión de las Ciencias y de las Artes de Oriente. Entre ellos figuraban el matemático Gaspard Monge (uno de los miembros fundadores de la École Polytechnique), el también matemático Jean-Baptiste Joseph Fourier, el físico Étienne-Louis Malus, el químico Claude Louis Berthollet (inventor de la lejía), el geólogo Déodat de Dolomieu o el barón Dominique Vivant Denon, años más tarde director del Museo del Louvre.
Bajo la dirección de Vivant Denon, realizaron labores de ingeniería y urbanismo e introdujeron mejoras de infraestructura. Estudiaron la posibilidad de construir un canal entre el Mediterráneo y el mar Rojo, desde Suez (el proyecto se materializaría años más tarde, durante el reinado de otro Bonaparte, Napoleón III, y de la mano de Ferdinand de Lesseps); al mismo tiempo, exploraron el Nilo y los restos arqueológicos del Antiguo Egipto.
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Durante dos años recorrieron el país haciendo exploraciones arqueológicas, copiando textos, dibujando edificios antiguos, realizando estudios etnológicos, geológicos, zoológicos y botánicos. Todos estos trabajos quedaron recogidos en la Description de l’Égipte, publicada en veinte tomos entre 1809 y 1822, que se convirtió en la máxima referencia de la egiptología durante décadas.

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