El impacto de las guerras

Tanto la Guerra de la Convención, como la de Independencia, tuvieron en el Pirineo navarro uno de sus escenarios principales. El movimiento de grandes cantidades de tropas en el tramo que va del Baztán a Roncesvalles y algunas importantes batallas supusieron un fuerte impacto en los pueblos y en los habitantes de esta zona.

En 1813 se alcanzaron unos 130.000 efectivos, una cifra similar a la de toda la población de Navarra en aquellos años.

 

Contra la Convención francesa

Vuelo aéreo de 2014
Vuelo aéreo de 2014

El enfrentamiento se desarrolló entre 1793 y 1795, periodo en el que el ejército revolucionario francés ocupó la mitad norte de Navarra. Tanto para Burguete, como para otros municipios fronterizos, las consecuencias fueron desastrosas.

La preparación de la guerra ya había supuesto una gran carga para la población navarra. Al ser provincia fronteriza, además de su particularidad foral, la obligaban a prestar una mayor contribución económica al conflicto para afrontar los gastos de defensa de su propio territorio, el mantenimiento de las tropas de apoyo enviadas por la Corona y el alistamiento de todos los hombres hábiles comprendidos entre los 18 y 60 años. Las quejas de ayuntamientos como el de Burguete son reiteradas, especialmente, en lo referente al pago a los jornales por el transporte de pertrechos y municiones.

Los pueblos protestaban porque por cada carga de municiones, (11 arrobas y media desde la fábrica de Orbaiceta hasta Espinal), estaban consignados cuatro reales, y no se podían transportar más de 2/3 de carga. Para ir desde sus casas a la fábrica tardaban dos horas y media de camino y cuatro horas y media desde la fábrica a Espinal. Por ello, aún madrugando, cada día solo se podía hacer un viaje, mientras que en otros transportes, como el de llevar mineral de hierro a la fábrica, se ganaban cinco reales.

“Se compadeza de estos pobres conductores y se sirva disponer las cosas de modo que se les satisfagan sus jornales con equitativa proporción, para que no perezcan a mano de la necesidad, ni sus familias se vean en mayor desamparo.”

Plano de 1793
Plano de 1793

Además, el Real Ejército estableció un hospital de sangre y atención sanitaria en Burguete y Roncesvalles, entre otros municipios del norte.

Tras el final de la guerra, el balance de daños deja en evidencia que son los pueblos fronterizos, y en particular, Burguete y Valcarlos, los más afectados. La estratégica situación de Burguete hizo que fuera tomado por dos columnas de soldados, una procedente del Baztán, con 14.000 soldados, y otra, con 6.000 efectivos llegados desde el valle de Aezkoa. Todos se reunieron en la localidad para arrasarla completamente el 24 de julio de 1794.

Un informe, redactado el 6 de octubre de 1795, afirma:

“De sus 45 casas quedaron destruidas 42, incluida la correspondiente al Ayuntamiento; la Iglesia, una ermita y el molino fueron incendiadas. Calcularon las pérdidas en 191.045 pesos. Respecto a la población, supuso una pérdida del 39,5 % entre muertos y desplazados”.

En el valle de Aezkoa se contabilizan hasta 183 casas quemadas, muchas de las bordas para el ganado que estaban en el monte, las iglesias de Garaioa y Abaurea Baja, así como la Real Fábrica de Municiones de Orbaiceta (como también sucediera con la cercana de Eugui), que quedaron inutilizadas. Valcarlos perdió 126 casas, 229 bordas, la iglesia, tres ermitas y el molino, y casi todo el ganado.

Esta devastación, sumada a las guerras de Independencia y las tres Carlistas, condenó a los pueblos del Pirineo a la miseria durante un largo periodo de tiempo, ante la enorme dificultad de reconstruir casas y haciendas y las continuas destrucciones de lo que quedaba en pie. Por ello, la población local descendió drásticamente. Además del 39,5% de pérdida de población de Burguete por la Guerra de la Convención, ya mencionada, (sea por muertos o desplazados), en el resto de municipios del entorno las cifras son igualmente elocuentes acerca de la brutalidad de esta guerra: Roncesvalles, 54,4%; Valcarlos, 37,8%; valle de Aézcoa, 29,2% y valle de Erro, 22,5%.

 

Guerra de Independencia

En este difícil escenario que la Guerra de la Convención dejó tras de sí, transcurre, 20 años más tarde, la Guerra de Independencia.

Los Desastres de la guerra nº 30. Estragos de la Guerra, F. de Goya
“Los Desastres de la guerra nº 30. Estragos de la Guerra” F. de Goya

La invasión francesa de la Península Ibérica había comenzado en 1808. Desde entonces, los pagos de tributos y la obligación del mantenimiento de las tropas habían provocado ingentes pérdidas a los municipios y habitantes de todo el país. Estas se agudizaron dramáticamente para los habitantes del Pirineo cuando el frente de guerra alcanzó sus territorios. Unos 70.000 soldados de los países aliados (Inglaterra, Portugal y España) y unos 64.000 franceses se mantenían a costa de los campesinos y ganaderos que obtenían, a cambio de la producción de sus tierras destinadas al alimento de la tropa, unos bonos que difícilmente llegaban a cobrar. La situación dejó en la miseria más absoluta a la población, con 300 muertos por hambre en Lesaka y 500 en Bera de Bidasoa.

Al igual que en la Guerra de la Convención, se volvieron a destruir casas y otros edificios. Un soldado inglés en una carta escrita en 1813 se refería a Burguete como un pueblo que “ha debido ser muy bonito antes de que los soldados lo destrozaran al retirarse”. Era la segunda vez que el pueblo quedaba completamente devastado.

Este periodo de guerras también afectó profundamente al patrimonio histórico y artístico. Hubo saqueos en ayuntamientos, palacios, iglesias, conventos y monasterios a lo largo de todo el país desde 1808 a 1814. Los monasterios y conventos se utilizaron como cuarteles para las tropas lo que daño o destruyó por completo estos edificios y los objetos de arte que se guardaban en ellos.

Los desastres de la guerra nº 2. Con razón o sin ella, F. de Goya
“Los desastres de la guerra nº 2. Con razón o sin ella” F. de Goya

En el caso de la Colegiata de Roncesvalles, desparecieron la ermita de Ibañeta y edificios como el de la Posada o el molino y el de un desconocido monumento en forma de pirámide que conmemoraba la Batalla de Roncesvalles y la victoria contra Carlomagno. El resto de dependencias sufrieron importantes daños, y el tesoro de la Colegiata quedó igualmente esquilmado, tanto por los saqueos, como por la necesidad de obtención de divisas para pagar la deuda generada por la obligatoriedad de manutención de las tropas allí acantonadas.

Igualmente triste fue la desidia en la recuperación del patrimonio mostrada por las autoridades españolas legítimas. Ejemplo claro es el desinterés por hacerse cargo del tesoro en obras de arte con el que José Bonaparte trataba de escapar a Francia. Recuperado por Wellington, este esperó una respuesta de las autoridades españolas para restituir las obras, sin conseguirla. Al final, todo este patrimonio, compuesto por más de 100 obras de primerísimos maestros, fue regalado “graciosamente” al duque por Fernando VII. Hoy en día, estos cuadros forman el núcleo principal de la colección de Wellington en Aspley House (Inglaterra). Hay obras de Velazquez, Murillo, Zurbarán Ribera, Rubens, Rafael, Tiziano…

Para los más jóvenes

consecuencias_3_5La Guerra de Independencia Española fue una rebelión del pueblo español contra el monarca francés José Bonaparte, impuesto en el trono de España por su hermano, el poderoso Napoleón Bonaparte.

A su vez, esta rebelión está en marcada en el seno de la denominada “Guerra Peninsular”, la campaña militar británica contra los ejércitos franceses que ocupaban Portugal y que después se extenderá a España.

consecuencias_3_6El nacionalismo español inventó la teoría de que el ardor guerrillero español derrotó a los franceses y liberó a España de las ideas revolucionarias y anticatólicas importadas desde Francia. La triste realidad, es que España era incapaz de liberarse sola y si se liberó del dominio francés fue gracias a la intervención británica y a las excelentes dotes defensivas del general Wellington. Por desgracia, el rey depuesto por los franceses, Fernando VII, fue uno de los peores reyes de la historia reciente de España. Sin duda, José Bonaparte fue mejor rey que él, y su breve paso por el trono español permitió la entrada de ideas liberales y progresistas que cambiaron la anticuada y conservadora España para siempre.

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