Vuelo aéreo de 2014
Vuelo aéreo de 2014

Durante la Guerra de Independencia, el espionaje, especialmente el llevado a cabo por la guerrilla navarra comandada por Francisco Javier Espoz y Mina, jugó un papel muy importante. Hay que tener en cuenta que estamos en una época sin teléfono, telégrafo, aviones o cualquier otro medio de comunicación a larga distancia inmediata o visión aérea. Las tropas francesas, como ejército ocupante, se encuentra en un territorio desconocido para ellas, y dependen, en muchas ocasiones, de guías locales y de los informes de exploradores , desertores o colaboradores.

Para impedir el bloqueo de las vías de comunicación con Francia y mantener despejada la ruta, el ejército napoleónico fijó pequeños destacamentos militares en Auritz-Burguete, Elizondo, Amaiur/Maya, Orbaitzeta, Orreaga/Roncesvalles, Doneztebe/Santesteban y Urdazubi/Urdax.

Como consecuencia de la retirada de tropas francesas de España para la campaña rusa y del declive de su control militar, se desarrolla y perfecciona el servicio de espionaje insurgente. Esto facilita el éxito de las acciones de guerrilla, acelerando el final de la guerra.

 

Informadores y confidentes

Xabier Mina
Xabier Mina

En el caso de Navarra, alto Aragón y de la zona oriental alavesa, la insurgencia, de la mano de Javier Mina en 1809 estableció una malla de informadores en todo el territorio que sería posteriormente consolidada por su tío Francisco Espoz y Mina.

Además contó con confidentes en las localidades donde había guarniciones francesas. Tampoco dudaba en interceptar correos enemigos. En este aspecto, el ejército francés era muy vulnerable, sobre todo, después de que los aliados consiguieran descifrar el sistema de encriptación napoleónico. Se trataba de La Grand Chiffre, un código de 1.400 cifras que Scovel, al que Wellington encargó labores de desencriptación, logró descifrar en 1812. En el Archivo Histórico Nacional de Madrid se conservan 1.626 cartas interceptadas.

 

El papel del clero

Francisco Espoz y Mina
Francisco Espoz y Mina

El clero también colaboró en la creación de un servicio de espionaje en Navarra, destacando en esta labor el párroco de Badostáin, Andrés Martín. Por ejemplo, en Orokieta se instaló una estafeta de correos en casa del sacerdote.

Por otro lado, Espoz obligó a los alcaldes y regidores a mantenerle informado. También buscó información a través de personas que contasen con la confianza de las autoridades francesas, ya que eran, sin duda, una de las fuentes más valiosa.

 

Los contactos de Francisco Aguirre

Es el caso de Francisco Aguirre, un comerciante de ganado con casa en Luzaide/Valcarlos, el propio Espoz cuenta en sus memorias (Espoz y Mina, F. (1789-1836), Memorias del general don Francisco Espoz y Mina. Tomo 1):

“Este Aguirre era el encargado de proveer de reses vacunas al abasto de la ciudad de Pamplona, que conducía desde Francia. Aunque yo podia haber impedido estas conducciones de ganado, las dejaba pasar por consideración al vecindario de Pamplona, mediante un módico derecho por cabeza que me pagaba. Gozaba de influencia con el jefe de la policía, Mendiri, y me servia para facilitar recursos á mis interesados los presos”.

Carta cifrada de Napoleón
Carta cifrada de Napoleón

Sus contactos con Francia eran claves para obtener información. Del otro lado del Pirineo, además de ganado, conseguía importantes noticias sobre el paso de contingentes militares por la frontera que después facilitaba a Espoz. Francisco Aguirre, cuando Pamplona fue liberada, fue acusado de colaborar con franceses, ya que ignoraban el doble juego que llevó a cabo.

Tal era la red de información y espionaje que había tejido la guerrilla navarra, que Wellington, al llegar el frente a este territorio, no dudó en utilizarla para coordinar sus acciones bélicas.

Telégrafo
Telégrafo

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