Las duras condiciones de los soldados: una milla por encima de las nubes

Vuelo aéreo de 2014
Vuelo aéreo de 2014

Las tropas que protegían estas estratégicas cumbres permanecían de forma permanente en los fuertes. Muchos de los testimonios directos nos han llegado a través de las cartas que los soldados enviaban a sus familias o memorias o actas militares. En todas ellas, describen las penalidades que soportaban.

Estos relatos en primera persona nos colocan, de manera muy vívida, en las duras condiciones de la vida del soldado en las que, además de a las propias batallas, debían hacer frente a las condiciones climáticas.

Las tropas se concentran en la vigilancia de este paso principalmente durante el verano de 1813, aunque, como indican varios de los textos, ese año el estío llegó tarde y el invierno comenzó temprano… Con el relevo del bloqueo de Pamplona, Robert Long fue destinado a Larrasoaña, en el valle de Esteríbar, desde donde escribe el 22 de julio:

“Hay dos caminos desde Roncesvalles a San Juan de Pie de Puerto, uno por la derecha sobre el lomo de las montañas que termina en San Juan y el otro por Valcarlos. Nosotros ocupamos esta aldea y el desfiladero que conduce a ella, y por el otro camino nuestros puestos de guardia están entre Château Pignon y San Juan, dentro de la frontera francesa. Estas alturas son tan considerables que en los últimos 20 días nuestros soldados apenas han visto los rayos del sol, envueltos en niebla y oscuridad, y han sufrido mucho con el frío y con las lluvias. Yo mismo tuve que soportar una tormenta de nieve el día 20 [de julio]”.

Plano de 1793
Plano de 1793

Comandante George Bingham, del Regimiento 53, escribe el 23 de julio:

“…Anteayer conseguí llegar más allá de Roncesvalles, pasando por el hermoso valle de ese nombre, el cual está cerrado al mundo ocho meses al año por la nieve. Los caminos que conducen allí son terribles, mucho peores que los que había en Portugal. El pueblo o aldea está en el centro de un llano y ha debido de ser muy bonito antes de que los franceses lo destrozaran al retirarse…”.

Hugh Gough, del 87 de Infantería:

“Campamento (una milla por encima de las nubes). 2 de agosto:
Ascendimos ayer desde Roncesvalles (el célebre) hasta nuestra posición avanzada, la cual, aunque mucho más cerca del cielo, no se parece en nada a lo que nosotros entendemos como los placeres y comodidades que allí se experimentan. Aparte de arándanos, no conozco otra comida de la que se puedan alimentar sus habitantes, y excepto jugar al escondite entre las nubes no conozco otra diversión en esta pobre región. Resumiendo, estamos acampados en un monte en lo más alto de los Pirineos, en medio de la niebla, y si no fuera por ella podríamos ver muchos kilómetros de Francia, de la cual estamos a unos ocho o diez kilómetros. Nuestra misión es cubrir el desfiladero de Roncesvalles, el cual pasamos en nuestra ascensión, pero que se domina desde este monte. Desde el desfiladero, que está debajo de las nubes, tuvimos una extensa vista de Francia, que aparece justo debajo, y era muy tentadora…”.

Plano de 1793
Plano de 1793

Sargento David Robertson, del Regimiento escocés 92:

“…A principios de octubre la nieve cayó en tal cantidad como no había visto nunca en Escocia. Casi perdimos la artillería que habíamos colocado en diferentes baterías, y no pudimos sacar los cañones de la nieve hasta que no cortamos algunos árboles, y después de quitar la nieve de debajo conseguimos arrastrarlos por turnos hasta el pueblo. Mientras estábamos en este frío y elevado lugar, mi mujer dio a luz una niña, y tuvimos que andar varios kilómetros a la mañana siguiente para llegar al hospital. El tiempo se fue haciendo tan frio que no era extraño ver hombres inválidos por congelación de los miembros. Un piquete del regimiento 57, formado por un sargento y 12 hombres, pereció en la nieve. Se habían parado a descansar y murieron congelados. No fueron encontrados en varios días, y solo fueron descubiertos porque la punta de la alabarda del sargento sobresalía de la nieve. Se comentaba entre los oficiales, que aunque el 92 usaba la falda escocesa, ninguno de ellos sufría por el frío. La razón que yo atribuyo a esto es que debido a nuestra indumentaria peculiar, teníamos tanto frío que nunca estábamos quietos; siempre estábamos en movimiento, lo cual mantenía nuestra sangre en circulación”.

Carta de amor de española a soldado francés
Carta de amor de española a soldado francés

Como se puede ver, las condiciones resultan de una gran dureza, tanto para los soldados como para sus acompañantes. En el caso de las tropas británicas que van voluntarias, suelen viajar con su familia, como escribe el Sargento David Robertson al indicar que debe descender hasta un hospital cuando su esposa da a luz una niña.

Las tropas de la División Navarra tampoco son ajenas a las penurias, como nos relata el general Espoz y Mina, al mando de la guerrilla antifrancesa destinada a los fuertes del Pirineo una vez retirados los ejércitos regulares, en noviembre de 1813:

“La posición de mis tropas en los cerros del Pirineo era la mas cruel que imaginarse puede: envueltas siempre en ventiscas de granizo, nieves y aguas, no había centinela que en la mayor parte de los puestos pudiese aguantar quince minutos: muchos hombres quedaron yertos haciendo el servicio; y sobre estas penalidades, la escasez del alimento era suma. Ya me estaba prohibido sacar raciones de la provincia de Navarra, porque ella tenía que mantener a las tropas de los ejércitos aliados que la ocupaban; el país que pisábamos no prestaba el menor recurso, y el Alto Aragón, de donde podía sacar algunos, estaba a mucha distancia en primer lugar, y no había transportes; y en segundo, los pueblos se resistían a suministrar protegidos por las Diputaciones provinciales, cuyas corporaciones, en sus clamores de gobierno, eran más atendidas que los generales cuando no tenían que dar de comer a la tropa (pág. 104).

Carreta de bagajes
Carreta de bagajes
Soldados ingleses acampados
Soldados ingleses acampados

[…] Con la toma de la plaza de Jaca aquellas beneméritas tropas, que con tanta resignación habían llevado sus trabajos, se procuraron cuando menos un albergue donde reposar, cansados de sus fatigas, en lugar del raso cielo que las cubría en los campamentos; y al mismo tiempo, compadecido el Generalísimo de la cruelísima situación de los que ocupaban los altos de Roncesvalles e inmediatos, y convencido de que la mejor guarda contra el enemigo, de los puertos y senderos por donde pudiera hacer excursiones fuera de su país, eran la crudeza de la estación y la gran copia de nieve de que estaban cubiertos, de modo que los hacia intransitables, me permitió hacerlas descender y acuartelarlas en puntos de no tan inminente riesgo de perecer a las influencias del frío y del hambre. Pero a poco tiempo recibí nuevas órdenes para avanzar hacia San Juan del Pié del Puerto, y yo fijé mi cuartel general en Baigorri” (pág. 110).

Guerrilleros fabricando pólvora
Guerrilleros fabricando pólvora
Guerrilleros haciendo balas
Guerrilleros haciendo balas

Muchos son los testimonios preservados que nos hablan de las durísimas condiciones que hubieron de soportar los soldados debido a la climatología de montaña. La forma de hacer la guerra en estas épocas no era menos dura. Los soldados debían aguantar su posición por encima de todo, se empleaba artillería, fusilería y las batallas eran cuerpo a cuerpo y con bayoneta. Las bajas fueran numerosísimas en todos los ejércitos en liza. Sirva de ejemplo un cuadro de bajas y heridos.

Vale de racionamiento
Vale de racionamiento

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