La organización de un ejército en el Pirineo en 1813

Vuelo aéreo de 2014
Vuelo aéreo de 2014

El modo de hacer la guerra entre los siglos XVIII y XIX es muy diferente a las actuales tácticas bélicas. Los conflictos del siglo XVIII no son guerras totales donde todos los hombres y los recursos se ponen al servicio de la causa armada. Al contrario, se limita a algunas estaciones del año, los objetivos son posiciones fuertes y los accidentes geográficos se consideran claves. No hay interés en el resto del territorio. Los ejércitos se los disputan mientras esperan la paz, que no es una decisión militar, sino política.

Durante el conflicto, las tropas vivían a expensas de la población local, a la que robaban, saqueaban y de la que abusaban. Esto nos permite explicar las características de los fuertes, reductos y líneas de trinchera que se pueden ver en la zona del paso de Ibañeta.

Las altas cumbres son un punto estratégico y deben vigilarse, allí acampan tropas apostando artillería en los reductos y fuertes. El objetivo es cubrir las posibles áreas de ataque y las zonas más vulnerables del paso. Hay que tener en cuenta que durante las guerras napoleónicas son decenas de miles los hombres que se movilizan y participan en las campañas. Durante los sucesos de julio de 1813, el mariscal Soult, al mando del ejército francés que trata de levantar el asedio de Pamplona, está al mando de 64.000 hombres, en un frente que va desde el Bidasoa hasta Orbaiceta. Para defenderlo, sin saber cuál iba a ser el punto de ataque principal, los aliados hispano-anglo-portugueses contaban con unos 70.000 hombres. Todos ellos permanecen maniobrando durante meses en el Pirineo, cuyos pueblos y aldeas apenas superarían, en el mejor de los casos, los 1.000 habitantes.

Lepoeder, Zelaia y trincheras
Lepoeder, Zelaia y trincheras

 

Cartas oficiales

Solo la muestra de despachos enviados por el General Wellington desde sus distintos cuarteles en julio (Huarte; días 1 al 3. Ostiz; día 3. Lanz; días 4 al 8. Irurita; días 8 al 9. Zubieta; días 10 al 11. Hernani; días 12 al 14. San Esteban; días 14 al 18. Lesaka; días 18 al 28. Cercanías de Villava; días 28 al 30, y Almándoz; día 31) da una muestra clara de las dificultades logísticas de una batalla de la envergadura como es la Batalla de los Pirineos.

Construcción de trincheras
Construcción de trincheras

Hay un total de 111 despachos que van desde solicitudes de información a los mandos de los distintos batallones desplegados a petición de refuerzos, movimientos de tropas, negociaciones para el canje de prinsioneros, envío de informes al mando en Gran Bretaña…

A estas cartas oficiales, habría que sumar infinidad de órdenes orales transcritas por su cuartel general que serían despachadas a los diferentes batallones a lo largo de todo el frente. La ida y venida de emisarios es incesante, trayendo novedades y enviando órdenes desde el puesto del cuartel general de Wellington. El general inglés no sabe cúal será el punto de ataque principal de los franceses, de ahí que despliegue tropas de vigilancia por toda la línea fronteriza que van informando de los movimientos enemigos.

Además, debe mantener los sitios de San Sebastian y Pamplona, además de coordinarse con el resto del ejército británico, los aliados portugueses y el ejército español que está en campaña a lo largo de todo el Ebro hasta Cataluña.

Batalla
Batalla

 

Los otros frentes

Despachos de campo de Wellington
Despachos de campo de Wellington

Las dificultades no terminaban aquí, ya que la Guerra de Independencia es otro frente más de las guerras napoleónicas, que se desarrollaban a escala europea. Wellington, así como Espoz y Mina y otros mandatarios militares que diseñaban las tácticas de combate, estaban también al tanto del devenir de la guerra en territorios tan alejados como Alemania o Rusia. Aprovechaban a lanzar sus ataques cuando los franceses estaban en dificultades en aquellos frentes, multiplicando así los problemas del enemigo común.

Las vías de comunicación no eran sino emisarios a pie o a caballo, y todo este flujo de información se trasladaba lentamente. Los correos y los ejércitos de Wellington o Napoleón se movían tan despacio como lo hicieran los de Julio César o Carlomagno. Nada se había innovado en cuanto a sistemas de transporte o redes viarias.

Todo esto generaba un trabajo interminable y requería de una capacidad extraordinaria de organización y gestión de los equipos y la información. Las guerras se ganaban tanto en el campo de batalla, como en los despachos.

 

Actores bélicos

En cuanto al número de actores bélicos, a los soldados, (muchos de ellos acompañados de sus familias), hay que sumar un número importante de auxiliares de carga y transporte, animales, carros…

Por ejemplo, los británicos contaban con baterías de montaña para los Pirineos, que se componían de seis cañones de tres libras, que se desmontaban para transportarlos en mulas. Una batería tipo británica contaría con un capitán, dos tenientes, cuatro sargentos, cuatro cabos, nueve bombarderos, tres tambores, y 116 artilleros. Habría que sumarles unos ocho carros de municiones, tres carros de bagajes, un carro con ruedas de repuesto y 100 conductores.
Esto nos sirve de muestra para entender la dificultad logística de estas guerras, máxime en un entorno como el de Burguete-Roncesvalles, que contaba con una población escasa, malas comunicaciones y dificultades de aprovisionamiento.

Para los más jóvenes

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